Desde que comenzaron, hace pocos días, colegios y guarderías ya atendemos en consulta casos de catarros virales y sus manifestaciones cuya aparición, al igual que la gripe, se reproduce de manera endémica estacional con ritmo anual. Los virus del catarro común, incluido el coronavirus previo al covid-sars2, adenovirus y otros encuentran, hacia el otoño-invierno, un momento idóneo para desarrollar su acción patógena; esto, unido a la concurrencia de la población infantil en colegios y guarderías, el contagio se ve favorecido sobre todo en los espacios cerrados compartidos, vehiculizado por las gotitas inaparentes de fluido respiratorio, provocando una situación expansiva de mayor o menor intensidad.

A priori, el virus del catarro común y otros, deberían de provocar un cuadro clínico, en teoría leve, aunque de trascendencia clínica variable; así ocurre, por lo general, en adultos, adolescentes y escolares sanos. Dicho lo cual, la frecuente aparición del cuadro clínico denominado bronquiolitis, causado en general por el virus sincitial respiratorio, aunque también, con cierta frecuencia, por el coronavirus “clásico”,  muestra más prevalencia en lactantes y preescolares, aunque no infrecuente y más severo en recién nacidos. Por su creciente aparición, merece una consideración especial para explicar, de forma comprensible, ¿qué es?, ¿qué alcance tiene?, ¿cómo actuar ante la aparición de un episodio?, ¿acudir a urgencias?,¿puede esperar a la consulta ambulatoria?, ¿es catalogable de asma y, por tanto, de padecimiento crónico? ¿dejaría alguna secuela?. Preguntas que iremos respondiendo en lo sucesivo.

La convivencia de estos virus estacionales, con el sars-2, y la similitud, en casi todos los casos del cuadro clínico que provocan, plantearían dudas sobre  la estrategia a seguir para la atención diferencial. Desde mi experiencia, el filtro telefónico inicial sería siempre PROVISIONAL, aunque podríamos tener información sobre, edad, síntomas predominantes, factores infectológicos, entorno familiar, laboral, zona, antecedentes, etc. Los datos recabados no poseen rigor absoluto, aunque sí pueden aportar orientación para  evaluar el pronóstico de presunción a distancia y tomar decisiones, si la situación lo aconseja; si hubiera sospecha de alarma, se debe aconsejar la derivación hospitalaria quedando el pediatra ligado a la evolución  del paciente y a su seguimiento al alta. La gran mayoría de contactos nos refieren síntomas moderados y leves; se les debería facilitar cita para consulta presencial, con las medidas de seguridad exigidas, llegar a una conclusión sobre pronóstico y aplicar tratamiento sintomático. EL AISLAMIENTO DEL VIRUS RESPONSABLE, a priori, NO INTERESA (desde mi punto de vista); sería de una complejidad  que llevaría a dilaciones, preocupación, repercusiones familiares, laborales, etc. El pediatra no hospitalario  debe centrar su interés en el cuadro clínico y su pronóstico en el momento de la asistencia: lo leve es leve; lo grave es grave; lo moderado es moderado, lo letal, es letal, sea provocado por covid, por coronavirus “clásico”, por virus sincitial, por adenovirus o por virus gripales y la atención se debe ejercer en consecuencia. La precisión virológica y las probables repercusiones epidemiológicas y laborales, han de considerarse, con mayor o menor minuciosidad, independientemente de la idiosincrasia inmediata del acto médico.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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