ALGO EN LO QUE PENSAR

Si bien, es común decir una “mentirijilla”, los mentirosos compulsivos (mitómanos) hacen de la mentira una constante en su vida cotidiana y sienten más naturalidad mintiendo que reconociendo la verdad.

Psicológicamente el mentiroso pretende conseguir más reconocimiento  del que le proporcionaría la verdad y evitar, a toda costa, el desmérito. Los “trolosos” se hacen verdaderos prestidigitadores de la fantasía para enmascarar su realidad con la manida estrategia de encandilar.

La mentira reiterada como estrategia, como disfunción mental o bien como la asociación de ambas, llega a hacer muy difícil al mentiroso controlar todas y cada una de las versiones manipuladas; tanto que, en cualquier momento, va a surgir la contradicción y la incoherencia (“donde dije digo, digo Diego”) hasta el punto de que los falsos argumentos “cantan” contrapuestos y, amén de generar perjuicio al crédulo, dejan una estela de repulsión e incredulidad, pues lo dicho es tan artero, que “no hay por dónde cogerlo”.

doctorpoeta