Cegando tanto horror,
llega la noche
y a impulsos del amor,
bello y sublime,
se deja ver la cruz
con halo triste;
también mi vista airada,
clamando al cielo
con mis brazos abiertos,
cubriendo al orbe.
¿Qué más se puede hacer?

Cegando tanto horror,
llega la noche
y a impulsos del amor,
bello y sublime,
se deja ver la cruz
con halo triste;
también mi vista airada,
clamando al cielo
con mis brazos abiertos,
cubriendo al orbe.
¿Qué más se puede hacer?

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