
JUICIO DE VALOR, desde el cariño y la preocupación
¿A qué significarse, con aspavientos y la enseña del «orgullo»? Podría tener su justa explicación aunque, desde mi concepto de solidaridad, se reclame el derecho de estas personas a ser indistinguibles del resto, en cuanto a convivencia y que, integradas, lleven por siempre una vida afable, asertiva y sin estridencias. En mi análisis, creo que la parafernalia y el mito, sólo servirían para mantenerles confinados en su pintoresca corrala.
Me entristece que pudieran ser utilizados, festivamente, como dóciles marionetas, con la finalidad del clientelismo outlet.
El orgullo, en exceso, podría llevar a un derroche de arrogancia, antítesis de la sencillez y por ende, tesis de la complicación para enrolarse en la realidad de una vida borrascosa.
Aun así, comparto mi felicidad con la de quienes ya la hayan alcanzado, y con quienes la logren alcanzar como consecuencia de esta manera de reivindicar, siempre que esquiven cualquier tipo de perjuicio a los demás y a sí mismo. Podría estar equivocado, pero cada vez tengo más claro que ser feliz, o soñar con serlo, ha de sentirse en lo más profundo del corazón; su exteriorización conlleva un riesgo alto de maquillar el sentimiento.
Cordialmente, doctorpoeta
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