Sin que hable ni pronuncie,

sin que resuene su voz,

boga por el mar tranquilo:

canta y sueña el pescador.

Desde el alba hasta el ocaso,

llegan los ecos del día

y, a la luz del firmamento,

por la noche avanzarían:

La marea ya está subiendo

porque la Luna porfía

para amar al marinero

que, en la pesca, no podría.

doctorpoeta

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