DEVENIR

Viajo en el tiempo  perdido;

la fuga de fe unta el camino

pero sigo la marcha sin derrape

que, claudica ante el ruido,

y encarama, hacia lo amorfo,

mi destino.

Renuncio a avanzar por las hojas

de la historia,

cuyo valor facial de la verdad,

infama por sesgado y peculiar:

Enaltece a adalides,

laureados por odiar,

en odiseas que alardean

del holocausto;

a batallas con fechas de gloria,

que inhuman, con premura,

sin resquicio y sin reclamo,

sangre y  honra;

a la clase dominante, en cada

tramo,

ocultando que el vasallo,

por oteros de suplicio y de miseria,

sin escudo y sin retorno,

van reptando entre las zarzas

de la tierra;

a la verdad, moldeada si interesa,

con patraña, tan taimada

y tan bien puesta,

que, a la postre, tan ufana

se presenta

como hazaña  paradigma de pureza.

Y, ahora me paro,

a la sombra del presente;

en un tris, este momento ya es pasado;

al instante, se evapora lo logrado,

y me ofrece recostarme,

nuevamente.

Me encamina al porvenir,

lo ya andado

que se acerca, impenitente,

hacia mi encuentro:

Peregrino callado, taciturno,

esperando del destino,

un algo incierto;

enhebrando tantos hilos retorcidos, 

va zurciendo los anhelos,

con empeño

y los golpes, tantas veces recibidos,

los sutura con aguante y con

lamentos.

Su proclama va arrostrando

por vorágine agitada;

busca un lapso de solaz,

un reflejo cristalino

un acorde, entre el estruendo;

y, en el remanso encontrado,

al amparo del silencio,

titubea,

¡porque no tiene tan claro

si ha ganado algo de tiempo!.

Antonio C. Rodríguez Armenteros

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