RECONCOMIO

La impresión que provoca, a mí al menos, la puesta en escena de esta rocambolesca trama para alcanzar la investidura el Sr. Sánchez es que, bajo la apariencia de normalidad y respetabilidad, el semblante de los “negociadores”, delata  suspicacia con “denominación de origen”: sutiles acometidas, desquites de humor más o menos diplomático y no del todo blanco, cesiones y concesiones, que sospecho fuera de toda racionalidad e incluso de cordura. Al parecer, no falta la obsesión compulsiva de “tener prisa” a última hora  (nada más ansiógeno que la prisa, dice la Psicología, y la ansiedad es generada por  el «miedo a no llegar»). Este tipo de reacciones, atolondradas y provisionales, suelen aparecer cuando todos los implicados han asumido que que el desenlace va a ser heterodoxo, y les urge maquinar en el nudo principal para “alcanzar la complacencia de forma, tan artificiosa como interesada, mediante un esperpéntico tira y afloja, en el que, las rivalidades no se liman, sino que se utilizan, tanto para satisfacer el ego de unos y otros, como para poner a “huevo”, torticeramente, en manos del victimismo, sus urdidas reivindicaciones.

En mi modesta opinión, este estado de cosas, no lleva más que a una cronificación de la tirantez por el orgullo y pretensiones solapadas de cada cual, con las repercusiones lógicas sobre la totalidad de la pasiva comunidad. Permanecerá, si cabe, más abonada aún, la situación de “No-me-importa-nada-de-ti,  puesto que mis intereses no son los tuyos; y, para  mayor reconcomio del aforo, tú mismo me has erigido el fortín donde voy a resguardar mi exclusivismo”  

Desde el desayuno, reflexiona mi preocupación

Antonio C. Rodríguez Armenteros