¡Sueño!

No vendes mis ojos
cuando me bese mi hada;

porque, despierto,
estremezco
con sus labios en mi cara

y no necesito tu calma,
ni el letargo,
ni la emoción de tu trama,
para vivir un ensueño:

la pasión, en carne y hueso
y el fuego de su mirada,
habrán de llevarme al cielo,
sin su varita de magia.

doctorpoeta

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