
El objetivo de las miradas mantenidas no obedece a un patrón equivalente. Observamos parpadeos al principio comedidos; expresan complicidad, cuando los nervios actúan despertándose el deseo de inmediata cercanía y con más rotundidad, cuando ambos están de pie. Cuando se miran sentados, evanescen los reojos, permanecen en la mente y regresan al momento; en seguida surge el beso que los coloca de pie y la pasión envilece. Cuando la cosa es yacer, la ceguera en un colchón, de los guiones, depende.
doctorpoeta
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