ALGO SE TIENE QUE HACER
Intento aproximarme al rigor científico y buscar explicación a la expansión exponencial de los males, como si de envenenamiento masivo se tratara.
A la vista de vivencias presenciales, de los siniestros en la cercanía, del sumario de los informativos de ámbito local, provincial, regional, nacional y mundial se deduce que, la cruda realidad arremete contra el mundo, provocando una pandemia de marasmo existencial. En la»posesión del mal» solo se generan perjuicios, extrañando sobremanera que parecieran estar blindandose al repudio, cubiertos por la coraza del buenismo. El antídoto contra la maldad, con muchas posibilidades de fracaso, debe sacar pecho, reciclarse para la astucia e intentar neutralizar la insidia chulesca de su antagonista. La maldad y el rictus sardonico de su sonrisa, campan por sus respetos y se van propagando con una lógica, diríamos que, epidemiológica: A un caso espeluznante y en poco espacio de tiempo, suceden otros que parecen calcados de aquél. La perplejidad insta al pensamiento dar su respuesta a estos fenómenos .
¿También podría explicarse el “principio del bien y del mal”, desde premisas genuinamente biológicas? En muchas enfermedades neurológicas y neuropsiquiátricas catalogadas, no hay duda alguna de que los síntomas aparecen como consecuencia de una disfunción bioquímica ¿Por qué el llamado “mal”, en su concepto más amplio, y considerado con múltiples matices, no dimana también de una reacción que se altera, en mayor o menos grado, por la acción de catalizadores inadecuados? (Sobre los incontables ENZIMAS que intervienen en estas reacciones hay muchísimo aún por investigar y descubrir)
Sería alucinante contar con las CLINICAS CONTRA MAL, en las que, con protocolos multidisciplinares, pudieran transfundirse los enzimas del bien.
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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