NO DEFRAUDEIS LA ILUSIÓN

Desde el punto de vista socio-económico, la industria del juguete y su promoción publicitaria, adquieren protagonismo estratosférico, sobre todo en las épocas de fin de año, más proclives al regalo y al divertimento. Hoy por hoy, seguimos reconociendo como juguetes, esos objetos industrializados y comercializados que se ofrecen a los niños, en teoría para acrecentar su nivel de ilusión y felicidad; otra cosa es que se consiga.

Lamentablemente, la vieja costumbre de hacer “juguetes caseros” en la que se implicaban padres y niños en su proyecto, elaboración y disfrute, pasó a los archivos de las buenas costumbres. Fueron, tremendamente constructivas, las experiencias de aquellos pequeños que elaboraban, con sus padres, un avión, un robot, un tambor, o una casa de muñecas. La satisfacción de ser creador, o ayudar a serlo, era una anhelada ocasión para conocer las piezas y su organización para el objetivo final y tras «saborear» el mérito de su funcionamiento, significaba, para todos, no sólo una agradable ejercitación de la imaginación, sino también una indescriptible sensación de felicidad compartida, o sea, de positividad emocional.

El juguete, y su dispendio, ha sido convertido en un objeto de PERSUASIÓN SOCIAL, o propaganda socio-cultural. Es sabido que, MUCHAS niñas, habrían pedido UNA PISTOLA, como regalo, mientras que, POCOS niños, habrían deseado UNA MUÑECA; automáticamente, los padres y el entorno, se apresurarían a desalentar tales demandas “invertidas”; no así los llamados “movimientos feministas” que claman porque las cosas sucedan, al contrario. Tan alienante sería la posición, niño/muñeca-niña/pistola, como niño/pistola-niña/muñeca. Dejar que los niños jueguen en el uso de su libertad, vigilándolos a distancia, o integrándonos con ellos para evitar el eventual perjuicio, aportaría un gran beneficio para la maduración de su identidad.

El niño, también sometido por el consumismo, se ve “obligado” a aceptar lo que la industria ofrece a tenor del progreso, espoleado por “lo que dice la tele”: juguetes caros, sofisticados, con aspecto atractivo, tecnificado, muchas veces, seudocientífico y, por lo general de uso estático, con el fin de que no moleste mucho a los mayores. Es muy aconsejable que el juguete de los peques sea sencillo y de confección funcional para que les permita estimular su capacidad manipuladora e imaginativa; los juguetes “herméticos”, bloquean la psicomotricidad y, con frecuencia, son rotos. La ruptura, con saña, del juguete puede relacionarse con un sentimiento destructivo, en el contexto de trastornos emocionales; con el temperamento compulsivo del niño o con la pertenencia a una familia toxica. También puede ser consecuencia de una simple rabieta al no saber jugar con ese juguete tan complejo y por el afán de “investigación” sobre lo sofisticado del montaje.

Utilizar los juguetes, o el móvil, para “quitarse al niño de encima” es una irresponsabilidad, de imprevisibles consecuencias; la relación desafecto-juguete provoca perplejidad en su concepto de conciliación.  

Es controvertida la utilización de los llamados “juguetes instructivos”; en mi opinión, el fundamento del aprendizaje del niño no debe ser temático; tampoco, precoz y desubicado. La verdadera enseñanza que recibe el niño, en sus juegos, procede de la contrapartida que recibe su propia espontaneidad, su propia ilusión.

doctorpoeta  

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.