¡En fin mujer! Gracias por ser la realidad de los sueños más sublimes. Cuídate, buscándote en ti misma y no en los caminos que anuncian tu nombre. Podrás convencerte de que eres mejor, infinitamente mejor, de lo que aparentas y de lo que tú crees de ti; todo el vigor del orbe está dulcificado en tus adentros listo para lanzarlo en aquellos instantes en que la Humanidad lo necesite. Hay constancia, en la historia, en los mitos, en los versos, en los sueños…

Gracias desde mi corazón.

Permíteme besar la destreza infinita de tus delicadas  manos.

Antonio C Rodríguez Armenteros.