El intercambio sexual debe aportar, a los practicantes, además de la importante función biológica, un sinfín de sensaciones que despiertan gratas respuestas emocionales (aunque, con menor frecuencia, inductoras de desagrado) ya que, su uso, también incorpora aventura, misterio, fantasía, emoción, espontaneidad, improvisación. El lenguaje trasciende a las palabras; la retórica del silencio y el ritual exclamativo hacen del idioma, un elemento, básicamente, prescindible en la íntima y profusa comunicación.
No deben nunca, incorporarse atavismos, temores o reservas en los sublimes momentos donde, alma y cuerpo, gozan.

Antonio C. Rodríguez Armenteros

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