
Me alegra cuando hablas,
porque te haces más presente;
se complacen mis oídos,
que elevan magia a mi mente.
La voz sale de tus ojos,
en miradas que se encienden
avivando mi sonrojo
y el latido de mis sienes.
Cuando llegas a mi alma
y en mi sueño te sumerges,
ardiente aguarda mi beso
que, prudente, se detiene.
¡Nunca calles!
Mucho menos, desde dentro;
¡clamen de anhelo tus frases
y, fuera, resuene el eco
cuando voceas que “me quieres”!
doctorpoeta
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