TRANQUILO,
recostado en mi nube,
eludo
el hedor del mundo.
Podría bajarme
en un intento;
pero, tan cómodo y seguro,
enguatado de algodón,
levitando sobre alarmas
y corrupción,
sin dudarlo, yo desisto.
Porfío por la quimera
de fragancias y de sueños
y me confino en el mito,
donde huele a redención.
Soy libre, si decido gravitar
y regresar a mi edén,
movido por la añoranza;
pero, de soslayo, diviso
el suelo,
infectado de ruído, de trajín
y de tristeza, deslustrado
por neblina irrespirable.
Decide, mi alma,
ampararse, en suave éter,
a resguardo de
lamentos y de preces.
Y allá, debajo del sol,
hace proclama irrevocable,
de su idilio,
con la trama de mi fábula;
aunque, el curioseo,
no del todo inevitable,
le tiente a asomarse,
con prudencia y de reojo,
al éter de la contrariedad.
¡Vuela connmigo a mi nube, que la lluvia. no desarma!
doctorpoeta
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