
Nunca acierto a comprender
el por qué de tu obsesión
por asaltar mi destino.
Remilgada, con talante
descarado y desabrido,
te insinúas sin esperarlo
y, airada, te dejas ver.
Se deduce una razón:
no quiere tu amor destino;
lo inoculaste en mi vida,
más de una y otra vez,
resultando ser toxina
que rompió mi corazón.
y te lo hice saber…
Desde el despecho me timas,
haciéndote la ofendida,
reclamando mi perdón,
como loca empedernida
y caigo en tu sinrazón.
doctorpoeta.
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