
DEL DR. ANTONIO C. RODRIGUEZ ARMENTEROS AL PORTAL DE BELEN. MIS VENERADOS MARIA Y JOSE:
Tras el Nacimiento más trascendental del orbe, después un parto a término y eutócico, tuvisteis el privilegio de ser padres de un Niño, destinado a cambiar la Humanidad.
Intuyo que, tras ofrecer María sus pechos al único varón recién nacido con un índice de Apgar de 10, en estos momentos y por su exaltado reflejo de succión, se está aficionando a trabajar los pezones de su Madre y estimular las glándulas para iniciar el autoabastecimiento del más divino alimento para un recién nacido.
Seréis conscientes de que, hasta que la producción láctea sea adecuada a las necesidades de vuestro Preciado Bebé, va a existir un período de producción más bien escasa, en el que la avidez por la demanda del Niño, os puede plantear interrogantes sobre la idoneidad de esta forma, repito Divina, de alimentarlo. Esta etapa, de unos 5 a10 días de duración, llamada INDUCCIÓN A LA LACTANCIA MATERNA, es laboriosa aunque explicable por la insatisfacción inicial del bebé, que reacciona con nerviosismo y reclamo directamente proporcional a sus estados de salud y felicidad con los que nace. Paradójicamente, es acertada la reflexión de que, a mayor nerviosismo y llanto, más salud tiene el niño y, por ende, demanda con mayor exigencia y frecuencia. Hay que afrontarla con toda normalidad y, no tomar decisiones, que podrían ser, inadecuadas para el propósito de LACTAR A PECHO.
Agradeced el ofrecimiento de los pastores para contribuir a calmar la sed y el hambre del Niño con sus nutritivas leches, pero quedaros con la idea de que la Humanidad tiene todo el interés en que Jesús sea alimentado, exclusivamente, con la leche de su excelsa Madre.
Afrontar la etapa de inducción es cuestión de Paciencia y Esperanza y, en la práctica de estas virtudes, nadie os puede dar lecciones.
Mi enhorabuena para vosotros; también, para toda la Cristiandad y, antes de despedirme, permitid que os manifieste mi absoluta convicción de que vuestra intercesión, para poder rescatar aquellos valores que permanecen secuestrados, no va a caer en saco roto; es el líquido a percibir de mi minuta.
Con todo mi respeto, consideración y amor
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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