Sorprendo a mi nieto Antonio, ocho años, aislado del «buen rollo» de la familia, taciturno, y con un elocuente semblante de enfado, para mí que infundado, aunque seguro que no para él. Sin mostrar interés por saber el motivo, le pregunto: ¿sabes que enfadarse es una reacción absurda, inútil y una solemne gilipollez?
¡Abuelo!…
-No quiero una explicación; lo que te quiero inculcar es que, antes de ponerte así, recapacita sobre el motivo y piensa en la solución-

Un abuelo

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