Viejo amigo,
soy todo tuyo;
y te prestas a abrigar,
el tropel frío de mis canas,
con un manto de improperios.

Nuestra cita es de terraza
a la vista de quien ve
y al oído de la charla;
y presume tu memoria
que recuerda poco o nada;

y mi atención se resbala,
abrumada en tu oratoria,
por el sorbo
de tu caña, un eructo
y salir de tu garganta,
el humo que no me engaña.

Y, enardecida tu habla
al frente de la batalla
queda, la mía, en retaguardia
y contesto con pesar,
entre tragos
que me amargan,
bien de humo o de cerveza,
de tu pipa o de mi caña;

campa mi oído a su avío,
cuando sacas del archivo,
tus luces contra mis sombras;

varapalo a mi autoestima,
que podría quedar jodida
aunque, sabes y no nombras,
el talante de mi honra.

A la hora de pagar,
me sorprendió tu estampida
con la excusa de orinar;

vino hacia mí el camarero
y el montante me dejó
famélico el monedero
y la sien para estallar.

Antonio C. Rodríguez Armenteros

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.