CELOS
¿Por qué no haces, de mí,
tu él?
¡Tú sabrás si ello, lo asumes!
¡Quizá no; no lo presumes!
¡Podría ser sí,
o tal vez dudes!
Palabras…
Suenan bellas tus palabras, que redoblan;
pero vienen por la niebla
y, en la tiniebla, se borran.
¿Cuando, con tu mano, acercas
la pasión a mi impaciencia
y, abierta, me das mi rosa,
es halago, es estrategia?
Porque, clama mi alarido
por la espina, que me pincha,
¡la sangre no llega al río
pero, tan roja, me asusta.
Presto, envidio tu arboleda
que, en sueños, tuve tan cerca
pero mi semilla, lejos,
cae sobre la tierra seca
sin umbrales que la cubran,
ni rocío que la humedezca.
Como el brote se hace vano
y el follaje queda arcano,
¡va a lo claro tu querencia.
Yaces, radiante, en la hierba,
bajo una sombra frondosa;
y, ¿mi árbol?…
¡Ya, no llega;
ni llega, ni se le espera!
¡Ni mi yo puede ser él,
ni mis versos, convencer,
ni tanto anhelar lo logra!
doctorpoeta
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