¡ARTISTA MI JARDINERO!

Para el poeta, la palabra, inerte como el papel, resucita injertada en la rama frondosa de un verso: se nutre de clorofila y los fonemas respiran, se obstinan buscando rima y enarbolan sentimiento: hablan, lloran, claman, ríen… Cuando se siente segura, la Ortografía absolvería y, puede, con alevosía, “matarla” una tachadura.

El concepto es soñador, aunque tiene pesadillas, porque  brota de la yema y, si el aporte es florido, a encandilar llevaría dependiendo de la poda, que podría llegar un día, a juicio de su censor que de jardinero haría.

doctorpoeta

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