INSUFRIBLE EL DESAMOR

Cuando llega niebla espesa
al letargo de tu tarde,
donde apenas se oye el eco
de tu clamor por mi beso;

cuando caes en un mal sueño
en la noche que se cierra
y te despierta un rehilete
que se clava en tu silencio;

cuando llega clara el alba
y tus ojos no despegan
ojerosos, infectados
del vil pus de la crudeza…

¡madruga!
mira el cielo
y despide a las estrellas;

saluda,
con gestos de bienvenida;
ante su avance, te inclinas
porque el sol ya tienes cerca
y tu penumbra, le incita;

y si aún,
decides confinamiento,
toma un libro bien abierto:
¡podrás soñar evadida
por el cosmos de mi verso!

Antonio C. Rodríguez Armenteros