
«EL UNO POR LA OTRA, LA CASA BARRIDA»
El hombre, por instinto genético, aspira al ideal absoluto de la supremacía; actúa con obstinación.
La mujer, genéticamente, goza del poder de discriminación: Previa deliberación (base de la democracia) elige el ideal, en función de su preferencia.
De la interacción, entre ambos caracteres, derivaría, con seguridad, la conquista de la felicidad, fruto de la «buena marcha del negocio»
doctorpoeta
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