En la orgásmica del alba,

allende mi despertar,

la Luna

va ocultado  su pudor

y…

entre el sol, de las rendijas,

¡asombroso! ¡veo a mi Dios!

Complacido, me interpela

con toda cordialidad:

¡Hola, mi amigo!, ¿qué tal?

Le responde mi sonrisa,

dulce y franca;

desperezo, le levanto mi pulgar,

doy un brinco

y me apresto a funcionar.

doctorpoeta

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