RECICLAJE

Reclinado en el porche, a cierta hora

pienso en qué tomador de mi mensaje

podría difundirlo, con solvencia;

me deslumbra el astro rey

y le pido, con recelo y por favor,

que ilumine y, nunca queme, mi  teoría.

¡Oh! ¡Sol!

Se rebela mi razón contra el vil  imperativo

como cita  de la ética a aplicar y, mi afán de solución,

un exhorto te ha enviado:

¡a ti que al mundo, alumbras y acaloras

y eres fuente inagotable de energía,

haz que active, mi  postura, algún fotón

pero grises nubarrones

se interponen

y el fuerte olor a solar  humedecido

me deriva el intento, hacia otra opción,

que sólo es una:

agachando la mirada hacia la esquina,

entre bolsas y barro colocado,

escabroso,

el contenedor va y se me ofrece:

Hambre y sed de algún apoyo

me encaminan

a mover y remover, la mediática basura:

Rebusco en el hedor insoportable

pero esclavo del deber de mensajero,

me coloco escafandra y dos manoplas

y, con arcadas,

inicio el pervertido reciclaje.

Antonio C. Rodríguez Armenteros