
Para el poeta, la palabra, inerte como el papel, resucita injertada en la rama frondosa de un verso: se nutre de clorofila y los fonemas respiran, se obstinan, buscando rima y enarbolan sentimiento: hablan, lloran, claman, ríen… Cuando se siente segura, sin trabas de ortografía, puede, con alevosía, “matarla” una tachadura.
El concepto es soñador, aunque tiene pesadillas, porque brota de la yema y, si la fronda es florida, obnubilado saldría, dependiendo de la poda, que podría llegar un día, a juicio del corrector que de jardinero haría.
doctorpoeta
Comentarios recientes