AGUA Y RESIGNACIÓN.

Todos, o la hemos padecido, o estamos familiarizados con esta enfermedad respiratoria aguda y que suele aparecer, casi siempre, con carácter epidémico en las épocas frías y húmedas del año. Tiene, pues un predominio invernal.
El virus de la gripe, o influenzavirus, actúa con tres formas antigénicas o tipos: el virus A, es el que produce más epidemias invernales; el virus B, afecta de manera más esporádica y, sin acusado predominio estacional, aunque, en ocasiones se detectan infecciones invernales mixtas de virus A y B. La infección por el virus C, es menos frecuente, no tiene predominio estacional y su agresión, suele ser focal, o individual.
La proliferación de virus gripales, se realiza, sobre todo, en las personas infectadas, aunque también, pueden contagiar, portadores no enfermos. Las cepas procedentes de animales, como pollos, patos, cerdos, caballos, ballenas y focas, también infectan a los humanos. Los adultos contagian, desde el día anterior del comienzo de la enfermedad, hasta 5 días después y los niños y lactantes, contagian hasta 8 o 10 días después, de aparecer los síntomas. Las pandemias, siempre han sido producidas por virus A de origen animal.
Los síntomas aparecen con agresividad, fiebre alta y rebelde, flojedad y mal estado general, dolor de cabeza, dolores, muscular, articular y cutáneo. La mayoría delos niños, tienen tos seca y frecuente, dolor al tragar, congestión nasal y conjuntival. La fiebre suele ir remitiendo a partir del 2º día, junto con los síntomas generales, persistiendo durante varios días más los síntomas respiratorios, aunque la tos se va haciendo más húmeda; los bebés, sobre todo, los menores de 2 meses, pueden presentar manifestaciones sugestivas de sepsis con adormilamiento, rechazo de tomas, petequias y crisis de apnea, convulsiones febriles, vómitos, diarreas. Además, en este grupo de edad, son muy frecuentes las complicaciones. Su seguimiento debe ser hospitalario.
Los tipos B y C, pueden producir un cuadro clínico parecido al descrito, pero menos florido y de menos duración.
¡Ojo con las complicaciones de la gripe! La reaparición de síntomas, sobre todo, respiratorios, otorrinolaríngológicos o músculoesquéleticos, así como fiebre generalmente en el período de convalescencia, se relacionan, casi con seguridad, a la aparición de una complicación, entre las que destacan: neumonía, otitis media aguda, dolor muscular por miositis, cojera y caídas al suelo por pérdida de “fuerzas” en las piernas (seudoparálisis), miocarditis, pericarditis. Especial observación, requieren los niños con lesiones cardíacas, fibrosis quística, asmáticos, diabéticos, inmunodeprimidos, enfermedades neurológicos, etc,  así como los recién nacidos, y en general, los lactantes jóvenes.
El diagnóstico puede ser virológico, por aislamiento en laboratorio o, más comúnmente, basado en los síntomas y signos, con profusión simultánea o escalonada de casos.
El pronóstico suele ser bueno en la inmensa mayoría de afectados. Los síntomas más agresivos remiten, más o menos, a la semana y, el llamado catarro residual suele desaparecer, si no hay complicaciones, a los diez o quince días, desde el comienzo.

El tratamiento ha de hacerse, controlando exclusivamente los síntomas, con analgésicos, antitérmicos, antiinflamatorios, mucolíticos; muy recomendable es la ingesta abundante de líquidos. Raramente es necesaria hospitalización que, sin embargo, debe ser rigurosa, en los casos comentados, referidos a niños y en ciertas ocasiones, cuando la enfermedad afecta a aquellas personas mayores incluidas en la llamada, “población de alto riesgo” y el pronóstico se agrava. Los antibióticos no son necesarios, salvo que aparezca una complicación bacteriana. Los fármacos antivirales son de aplicación hospitalaria, tanto en aquellos pacientes con riesgo previo que enferman, como en los sanos sin riesgo, que contraen la infección y evoluciona desfavorablemente; su uso también se extiende a la prevención, tomados a diario, de forma ambulatoria, mientras exista riesgo de exposición.
Hay que aconsejar a los que no han enfermado que eviten el trato directo con enfermos; que, tras tocar superficies presuntamente infectadas, se laven las manos cuantas veces sean necesarias y no aproximarse, a menos de un metro, de las personas que estornuden o tosan; los pacientes, deben usar mascarillas y pañuelos desechables y, los cuidadores, batas desechables y guantes; las madres, que enferman y tienen que cuidar a su bebé, deben lavarse las manos, antes de amamantar o preparar el biberón y llevar mascarilla, cuantas veces tengan que acercarse; en épocas de epidemia, el control de su propagación, debe hacerse en guarderías, centros escolares y establecimientos sanitarios, mediante vacunación, tanto de niños, como del personal.
La vacuna es muy aconsejable y eficaz; debe administrarse antes del inicio de la estación gripal, como recurso preventivo y, también, en ciertos casos, como terapia de la propia enfermedad. Es prioritario recomendar y facilitar el acceso a la vacuna a aquellas personas incluidas dentro de la población de riesgo.

-EL PEDIATRA NUNCA ACONSEJARÁ VACUNAR A NIÑOS-AS menores de SEIS MESES.

-ACONSEJABLE A MAYORES DE SEIS MESES INCLUIDOS EN LA POBLACION DE RIESGO (diabéticos, celíacos, cardiópatas, fibrosis quística).

-A MAYORES DE SEIS MESES, SIN RIESGO, PERO QUE CONVIVAN CON PERSONAS CON RIESGO.

-A NIÑOS Y PERSONAS MAYORES QUE, AUNQUE SIN RIESGO, CONVIVAN CON MENORES DE SEIS MESES.

A MAYORES DE SEIS MESES, a criterio del pediatra, aunque no estén incluidos en la población de riesgo.

A LAS EMBARAZADAS, EN GENERAL, PARA PREVENIR LA GRAVE INFECCIÓN DEL FETO Y LA SEVERA, A VECES FULMINANTE, GRIPE DEL RECIEN NACIDO.

Mi ferviente deseo de que, este año la gripe no sea demasiado agresiva, ni se extienda más allá de lo razonable y a quienes la contraigan, mi consejo de sobrellevarla con tranquilidad y resignación pues, aunque se trate de un verdadero “trancazo”, también es cierto que lo habitual es que, “con médico, dure siete días y sin médico, una semana”.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros