CARIÑOS QUE MATAN

Tan inciso es tu querer

que sesga mi sentimiento;

 sangre mana por la herida

 que, sin quererlo, me has hecho;

 no cesa, por más que aguante,

 aunque me quede muy quieto.

 Cuando me siento a comer,

 sólo un bocado va dentro;

 si necesito dormir,

 descabezo el primer sueño;

 si me incorporo a vivir,

 falto de fuerzas, me siento.

 De tu ayuda no me quejo

 y de tu amor, mucho menos;

 me has querido transfundir

 y, cuando el brazo  yo he puesto,

 tu Rh y el mío

 incompatibles se han hecho.

Antonio C. Rodríguez Armenteros

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