ABOCADOS A LA EUTANASIA

En pleno debate parlamentario, ya comienza en los medios la operación «lavado» para sensibilizar, para mí de manera poco honesta, sobre ciertas situaciones de pacientes terminales, en verdad, trágicas e insoportables, tanto para el paciente como para sus allegados; se reproducen en “horas punta”, esos dos o tres casos, poco representativos en la casuística y a mi entender, con alta repercusión mediática al ser escogidos por su tremendo calado. Lo que nunca se difunde, quizás para que la sociedad no digiera más que una idea única sobre esta problemática, es la necesidad de un diagnóstico adecuado del por qué se llega a estas situaciones, el pronóstico de cada una de ellas y el tratamiento que, sin ninguna duda, tenemos al alcance de la mano. Todo pasaría por considerar y transmitir a la sociedad que como alternativa a la eutanasia, disponemos de  métodos paliativos, tan eficientes como eficaces en el control del dolor y su cortejo, cualquiera que fuere su intensidad y localización así como en el bloqueo total del sufrimiento. La analgesia y los cuidados generales se aplicarían de manera personalizada (cada persona es un mundo) por personal suficientemente cualificado y en unidades clínicas destinadas exclusivamente a esta actuación, SIN PREJUICIOS POR LLEGAR AL ALTA HOSPITALARIA (aunque, no pocas veces, se alcanzaría esta favorable posibilidad ) NI NINGUNEO DEL PRESUPUESTO. Se descargarían de los allegados, tensiones, desequilibrios y decisiones inadecuadas; muy deprimente es apreciar en las escenas televisadas, pacientes críticos EN SUS DOMICILIOS, bajo los cuidados abnegados y entrañables, sin duda, de sus consortes respectivos, pero faltos de la destreza exigible para una adecuada evolución.

Doy fe de que mi padre, cuya situación clínica había llegado a ser insoportable para todos, llegó al desenlace de una manera sosegada y natural: nos vimos privados de su conciencia pero no, afortunadamente, de su vida hasta que se agotaron, con dignidad, sus funciones biológicas.

El argumento tan legalista de la voluntad del propio paciente, podría estar desvirtuado, en muchas ocasiones, por el menoscabo de la capacidad volitiva que, en los pacientes, provocaría el propio estado crítico.

Es cierto que, muy frecuentemente, no se aplican de manera eficaz los medios paliativos porque el paciente no está ingresado (tal vez por decisión familiar), por un alta sin rigor, prescripciones no demasiado drásticas y/o utilización de fármacos poco eficaces; el control del sufrimiento no se aborda con garantías conduciendo a la desesperación; se recurre a la eutanasia como tablero de salvación cuando, realmente, habría podido ser del todo, evitable.

Transmito mi punto de vista sobre esta problemática sin ningún tipo de intoxicación política, religiosa o moral, sino desde mi óptica, estrictamente ética y profesional, obligado por lo que, un día, me comprometí en el juramento hipocrático.

Convencido totalmente, hice constar en mi testamento la decisión irrevocable de que, en NINGÚN CASO, se me habría de aplicar la eutanasia.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros