
La brisa matinal abre su mano
y mesa tu cabello largo;
el trino de la alondra,
en arpegio con mi suspiro,
marca el paso de tu marcha altiva.
El parpadeo de tus ojos
acama los brotes del ejido
y mueve las aspas del instinto;
y a tu paso,
los pétalos de mi alma se abren,
flagelados por tus pestañas.
Un parterre de petunias
decora el clamor del claroscuro
que forma, tu tez morena,
con el alba que ameniza la mañana.
Y de noche,
cuando el campo calla,
el coro de estrellas
cantará una serenata
y el fulgor de un aleluya,
iluminará la estancia…
doctorpoeta
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