MORIR, AUNQUE LATIR  (ROMANTICISMO TAL CUAL)

Mirando por la cerradura, me percaté de cómo aquella cuchilla de afeitar cayó al suelo, sin hundirse en su muñeca, volviendo, sin escaparse una gota, de la totalidad de flujo sanguíneo, a la angustia de su corazón. No quise intervenir para detenerla, en tanto en cuánto yo también había intentado suicidarme muchas veces, harto como ella de haber colocado, tozudamente, nuestras razones en la antítesis de los respectivos prejuicios. Aun así, tanto ella como yo, hacemos necesario seguir buscándonos, entre otras cosas, para amarnos con locura.

doctorpoeta

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