La brisa matinal, saca su mano

y mesa tus cabellos largos;

 el trino del ruiseñor,

en armonía, con el eco de mi suspiro,

marca el paso de tu marcha altiva.

Parpadeas:

las mieses del estío se acaman

y giran las aspas del instinto;

cerca de mi beso, pasas

y los pétalos de rosa abren,

flagelados por tus pestañas.

Un parterre de petunias,

decora el clamor del claroscuro

que forma tu tez morena,

con el rayo luminoso de la mañana.

Pasó la tarde;

la noche amaga; el campo calla;

el fulgor de las estrellas,

una partitura canta:

¡himno de amor y dulzura,

acompañado con arpa

que, al clamor de un aleluya,

ha irrumpido en nuestra estancia.

doctorpoeta