El amor a los niños debe ser sagrado, pero se va desacralizando; debe ser incólume, pero se está profanando; debe ser humano, pero se va animalizando, debe ser incondicional, pero se está condicionando; debe ser un cerco a la zafiedad, pero se viene colando; debe ser paciente, pero el enfado es constante; debe ser, decentemente docente, pero se va adoctrinando…

y, ¡Dios mio!… ¡Hasta vísceras vitales, se están comercializando!

doctorpoeta

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