
No cesa la inspiración
pues, la vida, que renace,
del silencio,
con fruición, abre su oído;
jilgueros , de melodía,
traen, desde el orto, sus trinos
y, en silencio, entre suspiros,
nos miramos, tu y yo;
suave, la dicha, arrulla,
cortejada por la luz,
que, del sueño, se espabila.
Antonio C. Rodríguez Armenteros
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