
¡Vuelve, por Dios!
Si claro tiene tu mente, no es tu vuelta,
pues permanece tu adiós.
Soy presa de mi obsesión:
te alejaste de mi anhelo
y padezco de abstinencia;
vuelve a mi alma un momento
y presta un beso a mi indigencia.
Es paradoja tu ausencia
pues te sospecho muy cerca
aunque, en la sima tan honda,
soy mártir de mi impotencia,
sin oír tu corazón.
Mi ansiedad no es más que alerta,
que persevera en mi mente;
no coordinan mis sentidos,
los ruidos, me enajenan.
Vivo nervioso, intranquilo
y mi existir yace inerte.
Desespero y me pregunto
¿cómo puede arder mi frente
si no vivo, ni un segundo,
sin tener hielo en la mente?
Me debato en la locura;
¡hasta mi sombra me extraña
y mi alma, en «horas punta»,
sepa Dios si, alguien, la ampara!
Exiges pagar mi falta
y radical, he cumplido;
arrepentido en el alma,
¡doy por grato lo sufrido,
creyendo que he merecido
tu vuelta, al fin, lograda!
doctorpoeta
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