En la espera, el tiempo desespera;

cuando hay plazos que pagar,

el tiempo no marcha… ¡vuela!;

las que tienen que parir,

una “hora corta” desean;

el disfrute del placer,

es obvio que a un tris no llega;

y cuando surge el  amor:

el tiempo, de pronto, frena;

del calendario se apea

y, al fugarse del reloj,

por lo eterno se escaquea.

Antonio C. Rodríguez Armenteros