ASERTIVIDAD. ¿Clave de la convivencia? ¿Se respirará, alguna vez, en las sesiones parlamentarias de Congreso y Senado, la saludable atmósfera ASERTIVA? ¿Lo merece el PUEBLO SOBERANO?

ASERTIVIDAD, ¡qué gran palabra; quizás poco manejada, por ende, poco evaluada, que debería reivindicarse como VOCABLO COLOQUIAL, cuando, su significado, ojalá, llegue a ser aplicado como arquetipo de la ética, en el enfoque  de las relaciones sociales!.

Se define como un modelo de relación, por el que, conocidos y asumidos los derechos de cada uno, lógicamente, se defiendan, pero, siempre, respetando y acatando los derechos de los demás. Las relaciones asertivas, permiten expresarnos de forma SERENA Y OBJETIVA, con la pretensión de que, no sólo sea de uno, el comprendido, sino también de que los demás, también dispongan, al mismo nivel, de esta oportunidad. Nos sitúan en la añorada equidistancia, entre la PASIVIDAD, que lleva a la sumisión, (por la que, aceptamos que, terceros, decidan por nosotros y pasen por alto nuestra aportación) y la INTRANSIGENCIA, que no acepta la objetividad ni asume la aportación de los demás.

Personas, adultos o niños, profesionales, políticos, y miembros de la sociedad, en general, instruida en los  valores de la asertividad, responden a lo que, de ellos, se espera, “se hacen de querer, queriéndose más a sí mismos”, crece, en ellos, la autoestima, son educados, saben escuchar, planifican su actuación, explican su aserto, o negativa, con rigor argumental y son más estables ante las emociones.

¿Surrealista situación? En mi opinión, creo, rotundamente, que no. Podría ser, del todo asumible, en función de una BUENA Y ASEPTICA EDUCACION, cuyo objetivo pasaría por enseñar a pensar,  enseñar a soñar; donde se enseñe a apreciar y definitivamente, donde se pueda aprender y, tener bien claro que el ser humano, debe ser un DIGNO SUJETO ASERTIVO, y no permanecer  como un  OBJETO moldeable, plegado y sumiso, tantas veces impasible al lavado “sanitario” de su intelecto.

¡AMIGOS!… ¡EN LA ASERTIVIDAD, PODRIAMOS HACER LA VIDA, MAS ILUSIONANTE!

Antonio C. Rodríguez Armenteros