Siempre me da sombra tu árbol sin hojas; se lo cuento a mi madre cuando me abre la puerta y me besa la frente y me toma las manos y me mira la cara con sus ojos de magia. Y algo más  que me deja asombrado: me recita el poema de aquel árbol  con hojas que jamás tuvo sombra…

Y, me besa la frente, me toma las manos y me mira la cara con sus ojos de magia y me suelta las manos, me sonríe desde el alma y, después de un suspiro, gozosa, se calla.

doctorpoeta