
A MARIA JOSÉ
Has llegado jadeante
por tanto esfuerzo y suplicio;
tras breve pausa de alivio,
con tu título delante,
llega una etapa vibrante
de incansable recorrido.
Logra tu puesto seguro
con probidad conseguido
y lucha por el futuro,
con vocación y sentido.
Asume tu juramento
como norma de conducta
y atempera tus reacciones
que, a los pacientes, asustan.
Si dudas en tu opinión,
hasta tener la certeza,
no apliques medicación
y pon talento y prudencia.
Los protocolos, matiza:
cada persona, es distinta
y la respuesta a los males
tiene matiz variopinta.
No trates solo la herida;
pon vendas al sufrimiento
y, al tiempo que la desbridas,
usa palabras de aliento.
Si consigues la sonrisa
silenciándose el lamento,
ya has puesto sin medicinas,
casi todo el tratamiento.
Recurre a tecnologías,
de aporte descomunal:
el diagnóstico y la praxis,
te van a facilitar;
sin embargo, a la sazón,
has de adornar su frialdad
porque, en esta profesión,
alma tenemos que dar
y el paciente siempre espera
la ternura en tu mirada;
no le causes decepción,
abstraída en la pantalla.
No busques con obsesión
riqueza ni demasía;
ajusta con ilusión
la minuta merecida.
Si la indigencia irredenta
precisa de tu asistencia,
nunca niegues el deber
y acude con impaciencia.
Con estos versos sentidos,
dictados por la experiencia,
te cedo la alternativa
augurándote eficiencia.
Un fuerte abrazo, hija mía
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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