¡ALELUYA!

La brisa matinal abre su mano
y mesa tu cabello largo;
el trino de la alondra,
en arpegio con mi suspiro,
marca el paso de tu marcha altiva.

Al parpadeo de tus ojos,
se acama la mies del estío
y giran las aspas del instinto;

y a tu paso,
los pétalos de mi alma, se abren,
flagelados por tus pestañas.

Un parterre de petunias
decora el clamor del claroscuro
que forma, tu tez morena,
con el alba que levanta la mañana.

Y de noche,
cuando el campo calla,
el coro de estrellas
una serenata canta
y el fulgor de un aleluya,
nos deslumbra, en nuestra estancia.

doctorpoeta