Los padres y las madres pueden ser analistas de su propio carácter mirándose en el de sus hijos: a veces humillante, cuando observan sus propias imperfecciones reproducidas en sus descendientes y otras veces edificante, cuando el espejo refleja una vida de sentimientos que emanan de la paciencia, la perseverancia, el respeto y el amor.
¡Qué distinto es sonreír a estar siempre con el ceño fruncido!

doctorpoeta