
¡Sueño!…
no vendes mis ojos
cuando me bese mi hada;
porque, despierto,
estremezco
con sus labios en mi cara
y no preciso de tu calma,
del letargo y de tu trama
para vivir un ensueño:
la pasión en carne y hueso
y el fuego de su mirada
harán elevarme al cielo
sin su varita de magia.
Antonio C. Rodríguez Armenteros
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