Sumido en el atolladero, un anciano, ciudadano de a pie, creo que también pensaría: La principal cualidad de un buen político, que se precie, habría de ser la prudencia en sus decisiones, aun «haciendo de tripas corazón» para evitar males mayores. Dejar al margen la arrogancia, el sentimentalismo teatral, el exclusivismo ideológico, el cinismo, el protagonismo interesado o patológico, y otros muchos defectos, debería ser de obligado cumplimiento en el contexto de la responsabilidad.
doctorpoeta recordando que todos poseemos la servidumbre de paso al «no a la guerra».
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