Cuando asisto a un niño enfermo, no sólo existe entre ambos un intercambio de mensajes por medio de la palabra, que en función de la edad sería diálogo o lenguaje corporal (el bebé ya reacciona y así se comunica), sino que también existe una relación afectiva. El niño, aunque de corta edad, ya percibe si durante el acto médico esa persona, en principio lejana, que actúa con él tiene o no, afección cercana y sincera.
Alguna vez he oído el comentario que “hay personas que tienen una habilidad especial para adaptarse a los niños”; en mi opinión ,”habilidad” implica técnica, que también, aunque lo que tiene que aportar el pediatra es ALMA y sentirse, mucho. poco o algo, verdadero niño.
doctorpoeta
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