OTOÑO de amor sufrido.
Parcheado rodal, pajizo y frío;
en burgués terciopelo
que fue;
y hoy se aferra, a su cáliz,
colgado de un hilo.
¡Pétalo, exiguo,
de muerte herido,
que a la inercia, lanzado,
ya, sin polen trabado,
sin pistilos, ni estambre,
racheado y errante,
su aroma, perdió!.
La corola, amputada,
a batidas del aire,
se lamenta, ofuscada;
no ha llorado,
porque falta un hermano;
es envidia, hacia aquél,
que voló;
porque ya se ha librado,
del trance,
del otoño, ventoso y llorón
Antonio C. Rodríguez Armenteros

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