
AMADA MÍA:
Pensé en mi libertad; pero el deseo, se truncaba y una trampa se cernía: astuto ardid asesino que el destino deparaba. Pude huir, salvando el muro; embarqué sin rumbo fijo y al gritar ¡tierra a la vista! alguien frustró mi crucero y se hundió mi bergantina
¿Seré esclavo en tierra nueva, si en la fosa no me quedo? ¡Pues gané la costa a nado, en hazaña sin igual! Descalzos, mis pies mojados, por tierra firme avanzaron; más de una traba salvaron, por su tiento al sortear. Y ya no pude aguantar: me pertreché en la trinchera, desconfiando en la espera, alzada con rabia y pena, con ramas, piedras, dolor y la ausencia de tu amor. El zarandeo de un ciclón dejó desnudo mi pecho, sin bufanda, sin comer, sin alas para volar; un rayo me deslumbró. Con el pecho a la intemperie, mi garganta lanzó un SOS: no había nadie u oídos sordos.
En mi garlito quedé y en un remedio pensé: Como mi móvil se hundió, el mensaje en la botella, seguro te va a llegar (puede que por Navidad)
Tony, tu Robinson
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