¿Podrá volver perengano a levitar por el cielo, donde sueños e ilusiones circulen, en libre vuelo?

 ¿Y ver reanimar, la brisa, el impulso de la Tierra sobre su eje engrasado, para rotar, día tras día, por la vida y sus amagos?

¿Y que el orden sideral sea quien vuelva a decidir, el rigor de su traslado, vadeando en torno al Sol, de su Sistema, encargado?

¿Pasará el tiempo al albur, con su sosiego, o su cruz; sea de blanco, sea plomizo, guste el rojo o el azul?

¿Querrá dulzura el amor; la contingencia, reparo; la lucha, compensación y justicia, el maltratado; la vida, mucha ilusión y la muerte, una hora corta?

Muchos niños nacerán, que humanicen la «función», que el elenco es de mascotas.

Con la mente más tranquila, reivindicar la razón y alternar con el tarot (singular superchería, canal de liberación, donde ilusiona el “quizás”, cuando te augura un gran día) es la inigualable opción, para conservarla activa.

doctorpoeta