LA HACIENDA

Para acuarelas de ensueño,

posa, en el monte, la hacienda

y las pinceladas plasman,

azul claro y sombra fresca;

palomas que toman vuelo

y planean sobre los pinos;

en las encinas entonan,

los jilgueros, bellos trinos.

En las vidrieras del porche,

eucaliptos se reflejan,

con suave fragancia a tomillo

y dompedros de la reja.

Delante de la vaguada,

en la campiña de plata,

las hiladas de olivares,

mucho,

en el lienzo, resaltan,

con las ramas bien cargadas,

la trama es pura belleza,

y también, es recompensa,

porque fortuna merecen,

el sudor y la destreza.

Traspasados los umbrales,

hay colorido de fiesta:

vivo amarillo radiante,

de las ascuas, se despierta.

Con sabor a Andalucía,

se ha arrancado una guitarra

y un fornido “pata negra”

lleva, en las vetas, la raza.

Un cante por “seguiriyas”;

de Sanlúcar, manzanilla;

de El Alcázar, fría cerveza

y en la brasa, chuletillas

para reponer las fuerzas.

Antonio C. Rodríguez Armenteros

doctorpoeta

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