Sea el concepto,
sea la idea,
quien envuelva la palabra,
mi pensamiento se obstina
en mantenerla segura,
alta y clara, bella o fea,
amasada o espontánea.

La envoltura que se enuncia,
desde el concepto o idea,
puede ser poco adecuada,
a tal fonema o cual palabra;

más bien ésta,
aunque exquisita,
muestra el timbre
de sus lances, balbuceos,
seriedad o regodeo,
sean envero, sean patrañas.

Sea sincera, o sea una estafa,
sea cinismo, sea nobleza,
si engolada o bien sencilla,
natural o rebuscada,
no es cuestión de resonancia:

Quien estímulo recoge
en oído receptor,
sea cordial o imprecador,
en sensaciones, transforma,
placenteras, repulsivas,
sedativas, enervantes,
decaídas o exultantes;

ni al dictado de la idea,
ni al edicto del concepto
rebrotan los sentimientos
en cantidad variable,
variopinta en calidad,
y asenso o desavenencia.

El pensamiento elabora
el sentido del lenguaje
y, en la esfera emocional,

¡sólo, el corazón, sentencia!

doctorpoeta

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