
CAMPOSANTO
Me viene la reflexión y enmudece mi silencio. Reconozco ser negativo para intuir el contexto de lo que sería mi losa, regalada por el seguro; como si lo estuviera viendo, además de alguna flor, podría ser que me acariciara la voz de un padrenuestro lapidario y, como no podría ser en otro lugar, repensando en las Batuecas y, para más inri, con el sórdido mensaje subliminal del pecado original, no del todo, perdonado. Creer resucitar con la sensación de haberme tocado el “gordo” tras mi viaje irreverente desde el ser hasta la nada, pondría colofón a esta historia, tan ficticia como inverosímil.
Buenos días desde la sobremesa de mi desayuno
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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